El martes visitamos la
casa de Rodrigo en el Barrio Cuna de la Bandera, en la zona oeste de nuestra
ciudad. Nos recibió junto a su familia; su papá Cristian, su mamá Alejandra y
sus dos
hermanas Valen y Milagros.
Rodri tiene 13 años y cuando estaba por terminar preescolar fue diagnosticado de autismo. Desde entonces tuvo una niñez rodeada de profesionales, institutos y, sobre todo, medicación para "controlar" sus síntomas.
Los prejuicios y la discriminación lo dejaron afuera del sistema educativo. El reclamo de sus papás ante el Ministerio de Educación de la provincia recibió como respuesta la indiferencia por parte de las autoridades.
Lo mismo con la posibilidad de asistir a un club y vincularse con chicos de su edad. Cuando sabemos la importancia que tiene la socialización de todo niño con sus pares, como estímulo tanto para el aprendizaje como para el desarrollo de sus capacidades individuales.
Sólo el esfuerzo de su familia le permitió aprender a nadar e poder ir tres veces por semana a natación.
Una ciudad para todos se construye con la inclusión educativa, social y deportiva de nuestros pibes y pibas. Y su posibilidad depende del compromiso del Estado y también de cada uno de nosotros, en la promoción de una conciencia ciudadana solidaria y sensible que haga frente a los prejuicios y a las distintas formas bajo los cuales se discrimina, excluye y estigmatiza en nuestra sociedad.
Sumate vos también a construir juntos #NuestroDerechoARosario!
Rodri tiene 13 años y cuando estaba por terminar preescolar fue diagnosticado de autismo. Desde entonces tuvo una niñez rodeada de profesionales, institutos y, sobre todo, medicación para "controlar" sus síntomas.
Los prejuicios y la discriminación lo dejaron afuera del sistema educativo. El reclamo de sus papás ante el Ministerio de Educación de la provincia recibió como respuesta la indiferencia por parte de las autoridades.
Lo mismo con la posibilidad de asistir a un club y vincularse con chicos de su edad. Cuando sabemos la importancia que tiene la socialización de todo niño con sus pares, como estímulo tanto para el aprendizaje como para el desarrollo de sus capacidades individuales.
Sólo el esfuerzo de su familia le permitió aprender a nadar e poder ir tres veces por semana a natación.
Una ciudad para todos se construye con la inclusión educativa, social y deportiva de nuestros pibes y pibas. Y su posibilidad depende del compromiso del Estado y también de cada uno de nosotros, en la promoción de una conciencia ciudadana solidaria y sensible que haga frente a los prejuicios y a las distintas formas bajo los cuales se discrimina, excluye y estigmatiza en nuestra sociedad.
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