Por Sebastián Artola
Desde los tiempos de
Binner el modelo de desarrollo urbano de nuestra ciudad es un intento de copia
y calco de Barcelona. De ahí la figura publicitaria, ya devaluada, que el
propio oficialismo divulgó en todos estos años de Rosario como “la Barcelona
argentina”.
La prioridad puesta en
los grandes emprendimientos comerciales e inmobiliarios en la franja costera,
con eje desde el centro hacia el norte de la ciudad, y la búsqueda de vender a
Rosario como sede de grandes “eventos culturales”, marchan en este sentido y
definen el contenido de los llamados Planes Estratégicos que fueron moldeando
el actual proyecto de ciudad.
Con el acento puesto en
la oferta de sevicios, el turismo y el comercio se ubicaron como como los ejes
privilegiados de una economía que crecía gracias a las rentabilidades extraordinarias
provenientes de la soja, bajo un programa económico agro-exportador y liberal,
que poco interés puso en la promoción industrial y el valor agregado.
De este modo, la
inversión privada y la especulación marcarían la agenda y el tipo de
crecimiento económico, sin inclusión social, subordinando al Estado municipal,
al Concejo (con muy pocas voces críticas, y a veces ninguna) y las ordenanzas a
sus interéses.
La desigualdad,
fragmentación, exclusión de buena parte de los rosarinos de obras de infraestructura
básica y servicios públicos dignos y la concentración de los negocios en cada
vez menos manos, con su correspondiente impacto en las conflictivas y violentas
relaciones sociales, eran un descelace más que anunciado, aunque algunos hoy se
den por sorprendidos.
Copiar modelos sociales,
culturales y políticos de otros países y latitudes (considerados “avanzados” o
“modernos”), que poco se corresponden con nuestras realidades y necesidades, ha
sido el gran fracaso de una dirigencia política colonizada por los espejitos de
colores de quienes sólo quieren hacer negocios, sin importarles el bienestar y
la calidad de vida de las grandes mayorías.
Inventar y crear, como
señalan los momentos más fecundos del pensamiento argentino y latinoamericano,
desde Simón Rodriguez, pasando por José Martí hasta Arturo Jauretche, son los
desafíos para construir, desde acá, un proyecto de ciudad para todos y todas.