Por Sebastián Artola
(*).
Finalmente se conoció el peritaje oficial por la caída de la taza de la
Vuelta Al Mundo en el Parque de Diversiones, donde el año pasado murieron las hermanas
Melanie y Florencia Aranda, dos niñas de tan sólo 14 y 12 años.
El informe es categórico: “no se realizaban inspecciones
periódicas programadas”. Es decir, las responsabilidades de lo sucedido fueron
de la firma privada “International Park” por incumplir el mantenimiento de los
juegos y del Municipio por no hacer un sólo control en diez años.
A su vez, el peritaje señala el “diseño incorrecto
del juego”. Semejante anomalía no podría haber pasado por alto, si, al menos, un
sólo control se hubiese hecho bien.
Los técnicos del INTI sostuvieron que el juego
mecánico debía revisarse al menos una vez por mes, y una vez al año debía
llevarse a cabo una revisión general del predio concesionado.
¿Qué opinará ahora el secretario de gobierno Fernando
Asegurado de sus lamentables declaraciones al querer explicar la caída de la
taza por “una sobrecarga de peso” de las niñas?
¿Alguien pedirá disculpas al joven operario del
juego al que habían acusado en una clara maniobra del concesionario y el
municipio para lavarse las manos de todo cargo y culpa?
¿Y la intendenta, qué tendrá para decir, aparte de
ir a sacarse una foto con los familiares de las víctimas y acompañar el pedido
de justicia, como si nada hubiese tenido que ver?
Pasado nueve meses, lo mínimo debería haber sido terminar
con la concesión a la firma “International Park” y pedir la renuncia a todos
los funcionarios responsables por los controles e inspecciones no realizadas. Como
gesto hacia la sociedad pero también como decisión de “tomar el toro por las
astas”.
Pero nada de esto pasó. La reacción fue la de
siempre: patear la pelota para otro lado, buscar algún “chivo expiatorio”, no
dar la cara.
La impunidad no sólo impide cicatrizar las heridas,
sino también deja la puerta abierta para que lo mismo pueda volver a ocurrir.
Un Estado que cuida los negocios de unos pocos y se
desentiende de los controles sobre las concesiones también hace a la inseguridad.
Una nueva mirada sobre los espacios públicos y el
rol del Estado municipal son desafíos abiertos, para lo cual hace falta
decisión política y coraje. Una ciudad para todos o para unos pocos, sigue
siendo la cuestión.
(*) Licenciado en
Ciencia Política. Docente de la UNR. Miembro del Foro Rosario para Todos.