Por Sebastián Artola (*).
La semana pasada la Guardia
Urbana Municipal (GUM) por orden el gobierno municipal intentó desalojar a los
artesanos de la Plaza Pringles.
La resistencia de ellos, más el
acompañamiento de los vecinos y comerciantes de la zona, impidieron que se
lleve a cabo semejante atropello.
Son alrededor de 40 artesanos que
trabajan ahí de lunes a sábado, en algunos casos hace más de veinte años.
Parece increíble que un gobierno
que se jacta de promover el turismo, el comercio y quiere hacer de Rosario una
“capital cultural”, niegue a artesanos de la ciudad la posibilidad de un
espacio público donde puedan mostrar y tener a la venta sus producciones.
Las ferias de artesanos han
demostrado ser una fuente generadora de trabajo como también parte del
patrimonio histórico y cultural de nuestra ciudad.
En Rosario son muchísimas las
familias que viven de sus artesanías y no tienen el acceso a una feria. O
quienes tienen un stand, no cuentan con el acompañamiento del Estado en cuestiones
de infraestructura básica como pueden ser baños públicos, servicio de luz o un
lugar común donde guardar las cosas.
Ni que hablar de las ferias
populares de los barrios, gracias a las cuales subsisten familias enteras, bajo
formas de comercio social, en algunos casos trueque, y no cuentan con ningún
tipo de reconocimiento por parte del Estado, sino todo lo contrario.
Diariamente sufren la intimidación y el prepoteo de la GUM.
Y hay que decirlo con todas las
letras: es lamentable el accionar de la GUM, en lugar de velar por la seguridad
y la vida de todos los rosarinos y rosarinas desde su rol de prevención, más
aún en este momento de la ciudad, su papel parece estar dirigido contra los que
se ganan la vida trabajando.
Estamos convencidos que las
ferias artesanales, de manualidades y variadas expresiones del arte popular, como
también las ferias de los barrios, cada una con su particularidad, hacen a una
economía más integrada e inclusiva.
Son formas de economías sociales
y populares que
deberían tener el reconocimiento y el acompañamiento del Estado local en su
regularización, ordenamiento en el espacio público y fortalecimiento.
Este, sin duda, es el camino para
promover la inclusión laboral de todos nuestros vecinos, en función también de los
saberes y vocaciones de cada uno. Pues de eso se trata, de construir una ciudad
donde todas las capacidades, todas las expresiones, todas las identidades y las
voces, puedan tener su lugar.
(*) Foro Rosario para Todos.