Tablada es uno de los barrios más populosos del sur, con una
densidad de población sólo superada por el centro de nuestra ciudad.
Con un nombre nunca reconocido - de hecho, su nominación formal
es barrio General San Martín - que debe a su origen marcado por el trabajo en
los mataderos y la faena de animales, Tablada cobija momentos decisivos de la
historia y la cultura popular de Rosario, ninguneados por una política oficial
que piensa la ciudad desde la lógica publicitaria, como si fuese una marca que
se oferta en el mercado, negando las identidades de los barrios y las historias
de los sujetos que la habitan y hacen posible.
Mezcla entre “barrio bravo”, propio de los años treinta, y
“barrio obrero” de los cuarenta, Tablada sería un bastión de la resistencia
peronista.
Todavía sigue grabada a fuego en la memoria colectiva aquella
frase pintada, con brea o alquitrán, en una pared de chapa: “Los yanquis, los
rusos y las potencias reconocen a la Libertadora, Villa Manuelita no”. O la
menos conocida historia del comisario Ricardo Díaz, a cargo de la seccional 16
del barrio, que el 9 de junio de 1956 se une al levantamiento de Valle y Tanco
contra la dictadura.
Y, por supuesto, una de las experiencias culturales y
pedagógicas más importantes de Latinoamérica, destruida por la última dictadura
cívico-militar y hoy en recuperación, gracias a la incansable lucha de sus
socios: la Biblioteca Popular Vigil.
En los últimos años la violencia y el narcotráfico imprimieron
una nueva fisonomía a Tablada, siendo unos de los barrios con más alta tasa de
homicidio de una ciudad que cuadriplica la media nacional.
El corrimiento del Estado municipal y provincial de los barrios
más humildes, el vaciamiento de las políticas sociales, y un proyecto de ciudad
para unos pocos en beneficio de la especulación inmobiliaria y las grandes
inversiones comerciales, hizo de la violencia sin control su rostro más
doloroso y trágico.
Frente a esta realidad, la presencia del Estado nacional, primero
con las fuerzas de seguridad y ahora con el Operativo Interministerial que
lleva dos semanas y finaliza el próximo 9 de agosto, permitió un respiro y
empezar a dar respuestas a las muchas necesidades.
En estos días, el esfuerzo compartido, la alegría y la confianza
recuperada, entre vecinos, trabajadores de los distintos ministerios de Nación
y jóvenes militantes, hacen creer que es posible una ciudad solidaria e
inclusiva.
Con el
Estado en los barrios y la organización comunitaria las necesidades se
transforman en derechos. Y este, sin dudas, es el camino para construir una Rosario más justa, donde todos
podamos realizar nuestros sueños y tener un proyecto de vida digno.