Por Sebastián Artola
(*).
El 21 de enero Melani
Navarro fue asesinada al haber quedado en el medio de una balacera entre narcos
en La Granada. Tenía sólo 5 años. La espiral de violencia que el narcotráfico
siembra en los barrios más humildes, en connivencia con la policía provincial y
un poder judicial que mira para otro lado garantizando impunidad, no para de
llevarse la vida de los más jóvenes de nuestra ciudad.
A las dos semanas de
la muerte de Melani, el Centro de Salud que existía en el barrio cerró sus
puertas, dejando a los vecinos sin la posibilidad de atención primaria, frente
al silencio de las autoridades municipales y provinciales. El centro de salud
“20 de junio” había sido inaugurado en 2010 para descomprimir de pacientes al
Sáenz Peña. Los profesionales que atendían en el lugar, desamparados y sin
ningún tipo de protección, optaron por no ir más.
El repliegue del
Estado municipal en los barrios de Rosario no es nuevo. Desde el año 2010
venimos asistiendo a un vaciamiento de las políticas sociales del municipio,
con el desmantelamiento y
reconversión de los Centros
Crecer, la pérdida de funcionalidad y la desarticulación de un abordaje
integral entre políticas sociales y políticas sanitarias en el territorio.
Los centros de salud que
conforman el dispositivo de Atención Primaria de la Salud están cerrados los
fines de semana y con suerte de
lunes a viernes tienen horarios de atención por la tarde, mientras que las
ambulancias no
entran a los barrios, incluso
cuando las llamadas son de los
propios centros de salud.
A lo que se suma la falta de reemplazos por licencia para médicos y
pediatras, ni que hablar de psicólogos o trabajadores sociales.
Cuando la semana
pasada la intendenta de la ciudad, Mónica Fein, inauguró las sesiones
ordinarias del Concejo Municipal, puso el acento en el desafío de “construir
una sociedad y una ciudad más integrada, más equitativa”. En buena hora, hace
casi veinte años que el socialismo
gobierna Rosario y está a la vista el modo profundamente desigual bajo
el cual creció nuestra ciudad en todo este tiempo, garantizando enormes negocios
para muy
pocos, mientras la
gran mayoría de nuestros vecinos no tienen acceso a obras de infraestructura
social básica, servicios públicos dignos y
posibilidades de integración socioeconómica.
La paradoja en La Granada es una
muestra más de lo que pasa en muchísimos barrios de nuestra ciudad. Mientras la
violencia del narcotráfico se lleva la vida de nuestros jóvenes y niños, el
Estado más se repliega y brilla por su ausencia. Pero los vecinos y familiares de
las víctimas no bajan los abrazos y se resisten a que este sea el único futuro
para los jóvenes y los más chicos. Se organizan desde abajo, construyen memoria
y luchan contra la impunidad. Nos queda hacia futuro el desafío de juntar todas
estas luchas en un proyecto de ciudad común, que haga posible el derecho a vivir dignamente y en paz, haciendo de Rosario una ciudad para todos.
(*) Foro Rosario para
Todos.