Por
Sebastián Artola (*)
En
10 años no hubo un sólo control en el Parque de Diversiones. El último intento
del que se tiene registro data del 2002, aunque no fue tal porque estuvo a
manos de un ingeniero civil y no mecánico.
A
su vez, la propia firma que tiene la concesión del parque fue la encargada de
realizar los informes técnicos sobre el estado de los juegos, siendo entonces
el propio concesionario el que controló la concesión.
En
conclusión: en todos estos años no se realizó ningún tipo de control sobre el
más importante parque de diversiones que tiene la ciudad, por el que pasan
cientos de miles de niños y niñas día a día. Un ejemplo más de la ausencia del
Estado municipal.
Ahora
bien, ¿cuál fue la reacción de las autoridades locales frente a esto? Cuando el
papá de las dos nenas fallecidas salió a decir por lo medios que nadie del
municipio se había comunicado con él, recién ahí pusieron la cara.
Por
lo que hace difícil esperar una decisión tan básica como debería ser la
finalización de la concesión a la firma “International Park” y el pedido de
renuncia a los responsables de la Dirección y Control de Concesiones, y de la
Dirección de Inspección Municipal.
Por
el contrario, la primera reacción fue buscar responsabilizar a los empleados. Y
esta semana, gracias al PRO, impidieron la citación de funcionarios municipales
al Concejo municipal para dar explicaciones sobre sus (ir)responsabilidades.
Un
Estado que cuida los negocios de unos pocos y se desentiende de los controles
sobre las concesiones municipales también es inseguridad. Queda como desafío para
la ciudad un Estado que repiense su rol en la protección de la vida y promueva un
marco de seguridad para todos y todas, que nos permita evitar nuevas tragedias
en nuestra dolorida Rosario.
(*)
Foro Rosario para Todos.