Por Sebastián Artola.
Lic. en Ciencia
Política.
Que Rosario haya sido la ciudad
que más turnos solicitó del programa de créditos para la construcción de
viviendas no es casualidad.
Según los propios cálculos de la Municipalidad,
alrededor de 60 mil familias padecen problemas vinculados a la situación
habitacional.
Frente a esta realidad, poco y
nada fueron las iniciativas del gobierno local en todos estos años: un anuncio
de 22 viviendas para sectores medios que perciban un ingreso mínimo de 3500
pesos hacia fines del 2010; la construcción de “2500 núcleos habitacionales”
durante el mismo año de los cuales aun pesa la poca precisión respecto a los
efectivamente entregados.
Del lado de la provincia, la
construcción el año pasado de 620 viviendas en
la llamada “Zona Cero”, con fondos nacionales - vale la aclaración - una cuota
mensual de 2500 pesos y para las que se anotaron 12 mil familias.
Lo cierto es que el boom de la
construcción que caracterizó el crecimiento económico de la ciudad en estos
años tuvo su contraste paradójico y más cruel en el permanente aumento del
déficit habitacional.
Esto no se explica por otra causa
que la realidad de un Estado local sujeto a los intereses de la especulación
inmobiliaria y los grandes negocios comerciales, en detrimento del derecho de
todo ciudadano a una vivienda digna.
El anuncio por parte del gobierno
nacional del Programa Crédito Argentino (PRO.CRE.AR) para la construcción de
400 mil viviendas, significa la más importante iniciativa pública contra el
problema habitacional de los últimos cincuenta años, a través de un modelo donde
el Estado pasa ocupar un rol activo en la distribución de tierras fiscales, la
regulación del mercado de suelo urbano y el acceso al crédito, poniendo un
freno a la impunidad con se manejó en todos estos años la especulación
inmobiliaria y al abuso la lógica privada de la oferta y demanda.
Por eso cuesta entender la
reacción del ex gobernador de la provincia Binner al criticar la utilización de
los fondos de ANSES para el programa, repitiendo como loro el cliché de los medios
hegemónicos de comunicación, a quien tan poco le interesa la realidad de
millones de compatriotas más que la suerte de sus propios bolsillos.
Sería bueno que tanto el municipio
como el gobierno provincial tomen nota de esta iniciativa, pongan a disposición
del programa los terrenos aptos que están bajo su dominio y, sobe todo, impulsen
a partir de ahora otro papel del Estado en relación al mercado inmobiliario y
al uso de la tierra para así avanzar decididamente en la conquista del derecho que
tiene todo ciudadano a una vivienda digna y a poder cumplir el sueño de la casa
propia.